La Sierra de Mijas es un cordón montañoso calizo que discurre paralelo a la costa, conformando un balcón natural sobre el Mediterráneo de gran biodiversidad.

La Villa de Mijas se enclava a pie de esta hermosa sierra, que constituye el verdadero pulmón verde de la Costa del Sol y un claro ejemplo de Ecosistema Mediterráneo.

En latitudes bajas y medias de este macizo, encontramos un extenso pinar repoblado a mediados del siglo XX, acompañado de algarrobos (Ceratonia siliqua) y acebuches (Olea europaea var. sylvestris), importante fuente de alimento para carboneros (Parus major), petirrojos (Erithacus rubecula), piquituertos (Loxia curvirostra) y herrerillos (Parus caeruleus), entre otros, que se refugian en estos bosques. Caminando por cualquiera de las múltiples sendas y veredas que recorren este enclave natural, se perciben los inconfundibles olores y fragancias del matorral abierto y de poco porte que se desarrolla bajo la cubierta arbórea. Tomillo andaluz (Thymbra capitata), romero (Rosmarinus officinalis), almoraduz (Thymus mastichina), matagallo (Phlomis purpurea), cantueso (Lavandula stoechas), rua (Ruta chalepensis), hinojo (Foeniculum vulgare), gordolobo (Verbascum giganteum), palmito (Chamaerops humilis), esparto (Stipa tenacissima)... son especies que nunca han faltado en las despensas de nuestros abuelos, pues tradicionalmente han sido fuente de innumerables remedios caseros para diversas dolencias en virtud de sus propiedades curativas. 

Formando parte del pastizal y en los claros de bosque, se puede observar una de las familias más evolucionadas del Reino Vegetal, las Orquídeas, que junto a los endemismos vegetales que se desarrollan debido a las particularidades geológicas y climatológicas de esta sierra, constituyen la principal riqueza botánica de la misma.
Ya en las proximidades del Pico Mijas, que con sus 1.150 m. sobre el nivel del mar es un observatorio excepcional de toda la provincia, podemos hablar de tú a tú con Cernícalos (Falco tinnunculus), Águilas Reales (Aquila chrysaetos) y Calzadas (Hieraaetus pennatus), en un marco donde el estrato arbóreo es dominado por la encina, en cuyo tronco, vive la Gineta (Genetta genetta) esperando pacientemente a que un despistado Lirón careto (Eliomys quercinus) pase por su área de campeo y cazarlo antes que el Búho real (Bubo bubo). La encina (Quercus rotundifolia) se acompaña de un matorral denso y arbustivo compuesto de coscoja (Quercus coccifera), lentisco (Pistacia lentiscus), enebro (Juniperus oxycedrus), cornicabra (Pistacia terebinthus), torvizco (Daphne gnidium) y jaras (Cistus sp.).

Terminaremos nuestro paseo ya anocheciendo, y quizás, oigamos el rodar de piedras cañada abajo desprendidas tras el ágil apoyo de la Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica), en su habitual desplazamiento nocturno en busca de agua.


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